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Wiraqocha: el dios Sol de los Incas

Wiraqocha
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El dios principal de los Incas se llamaba Wiraqocha, el dios sol (Inti); el creador de todas las cosas. Este es un dios paralelo o incluso igual al Dios cristiano, revelado a través de Jesucristo.

La palabra wiracocha es quechua significa waira: viento y cocha: lago, mar, laguna.
Su nombre está relacionado con el sol por sus logros divinos que por su significado quechua, se considera que éste dios vino del mar empujado por los vientos, de ahí sus dos varas que empuña en sus manos, que dicen son remos.

Wiraqocha

¿Quién fue Wiraqocha?

Wiracocha es el gran dios, el creador en la mitología pre-Inca Wiracocha el Dios Principal de los Incas e Inca en la región andina de América del Sur. Su nombre completo es Apu Qun Tiqsi Wiraqucha y Con-Tici (también deletreado Kon-Tiki) Wiracocha.

 
Wiracocha era una de las deidades más importantes del Imperio Inca quien era considerado el creador de todas las cosas, o la sustancia de la que están creadas todas las cosas; era íntimamente relacionado con el mar. Wiracocha creó el universo, el sol, la luna, las estrellas, el tiempo (ordenando al sol para que se desplace solo por el cielo) y a la civilización en la tierra. Wiracocha era adorado como dios del sol (de ahí por qué existe la Fiesta del Sol “Inti Raymi”) y de las tormentas. Fue representado usando al sol como corona, con un rayos en cada mano, y las lágrimas en sus ojos en forma de lluvia.

 
Según el mito registrado por Juan de Betanzos (cronista español del siglo XVI) Wiracocha salió del Lago Titicaca (de la cueva de Pacaritambo según otros) en los tiempos de oscuridad trayendo consigo la luz. Él creó al sol, la luna y las estrellas. Él creó a la humanidad soplando sobre las piedras y de esta primera creación resultaron gigantes sin cerebro lo cual le desagradó bastante.

 
Así que los destruyó con un diluvio y de las piedras más pequeñas creó una mejor humanidad. Finalmente, Wiracocha desapareció en el Océano Pacífico (al caminar sobre el agua) para nunca más regresar. Viajó por el mundo disfrazado de mendigo, enseñando a su nueva creación los fundamentos de la civilización, así como también realizando numerosos milagros. Lloró al ver el sufrimiento de las criaturas que había creado. Se creía que Wiracocha volvería a aparecer en momentos de dificultad. Pedro Sarmiento de Gamboa señaló que Wiracocha fue descrito como “un hombre de mediana estatura, blanco y vestido con una túnica blanca, como un lazo asegurado a la cintura, y que llevaba un báculo y un libro en sus manos.”

 
Una de las leyendas de Wiracocha dice que llegó a tener un hijo, Inti, y dos hijas, Mama Quilla y Pachamama. En esta leyenda, destruye a la gente del lago Titicaca con una gran inundación Unu Pachakuti, salvando solo a dos humanos para llevar la civilización al resto del mundo; estos dos seres son Manco Capac, hijo de Inti (a veces se toma como el hijo de Wiracocha ), cuyo nombre significa “fundación espléndida”, y Mama Ocllo, que significa “madre de la fertilidad”. Los dos buscaron un lugar apropiado donde se hundiera la vara de oro llamada ‘Tapac-Yauri’ para fundar la civilización Inca. En otra leyenda, ser relata que fue padre de los ocho primeros seres humanos civilizados.

 
La fiesta del Inti Raymi es una palabra que proviene del Quechua y significa “resurrección del sol”, la conocida fiesta del Sol, antiguamente llamada Wawa Inti Raymi (fiesta del sol niño), era una ceremonia incaica y andina celebrada en honor de Inti (el dios sol), que se realizaba cada solsticio de invierno (24 de junio, en el hemisferio sur) , ésta fiesta es celebrada anualmente en Cusco en el complejo arqueológico de Sacsayhuaman, atrayendo cientos de miles de visitantes de todas partes del mundo.
Durante la celebración del nuevo año inca, se induce al dios Inti (sol) a volver con el favor de sus rayos para fecundar la tierra y procurar el bienestar de los hijos del gran imperio del Tahuantinsuyo. El fuego sagrado es renovado con un brazalete cóncavo de oro que se ponía contra la luz solar, cuyos reflejos se proyectaban sobre un trozo de algodón muy carmenado que se incendiaba en breve espacio. La lumbre sagrada era llevada al Coricancha, donde sería conservada por las acllas.




 

 

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