Whatsapp y pareja: relaciones de amor basadas en la ansiedad

Hace apenas unos años, cuando alguien deseaba comunicarse con su pareja buscaba un teléfono –tal vez uno público, de monedas-, y llamaba directamente al número fijo que esta tenía.

En bastantes ocasiones, la persona no se encontraba o no podía responder porque estaba fuera de casa y su pareja tenía que conformarse con volverlo a intentar, sabedor de que no podía hacer mucho ante ello. Fin de la historia, no había mucho qué hacer al respecto. Esas eran las reglas y no quedaba más que acatarlas.

Pero parece que las reglas cambiaron

A partir del nuevo milenio y particularmente del último lustro, la masificación en los medios de comunicación ha modificado drásticamente la forma en que la pareja moderna establece su relación. Teléfonos inteligentes, Redes Sociales y aplicaciones cada vez más poderosas prácticamente pulverizan las fronteras que separan el concepto de relación de pareja y el derecho a la privacidad personal.

 

Porque antes de tener un rol: mamá, papá, hermano, amiga o pareja, somos personas. Y como personas tenemos todo el derecho (y podría casi decirse, la obligación), de mantener una parte de nosotros –la parte íntima-, a buen resguardo, incluyendo en esto y en ocasiones a la pareja. Lo que también quiere decir que podemos elegir cuando y de qué forma usamos estas herramientas.

Sin embargo, como dije al principio las reglas parecen haber cambiado aunque ese no es el auténtico problema, sino la mala interpretación y ejecución de las mismas.

De repente pareciera que por el hecho de que las Redes Sociales o las aplicaciones nos permiten estar más en contacto en tiempo real e inmediato con los demás y saber de sus vidas, esto nos da el derecho a convertirnos en una especie de Peeping Tom ciberdigital.

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terimakasih0 / Pixabay

El vouyerismo electrónico, aquél que surge de la necesidad aparentemente incontrolable que tienen algunas personas de estar al pendiente de lo que hace su pareja cada instante del día y llevar un control de esta a través de aplicaciones o Redes Sociales, ha crecido de manera alarmante con resultados perjudiciales no solamente para la gente que sufre esta especie de acoso, sino también y en mayor –aunque más sutil-, manera en quien lleva a cabo esta conducta.

Y el tema es realmente de consideración. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Queensland, Australia por las doctoras Rachel Elphinston y Patricia Noller, arrojó que la intrusión constante en los perfiles de Facebook de sus parejas, provocaba en estas personas sufrimiento e insatisfacción constante con respecto a la relación, reflejada por medio de celotipia y una vigilancia constante.

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Uno más, ahora realizado en la Universidad Estatal de California por un equipo encabezado por L.D. Rosen, se atreve a ir más lejos proponiendo que Facebook está empezando a crear desórdenes psiquiátricos basados en la ansiedad.

El efecto doble check

Entonces, hay un patrón incuestionable: la tecnología influye poderosamente en las personas a un nivel emocional.

Tal vez uno de los casos más sonados y recientes –y que toca directamente a las relaciones románticas-, es el de la famosa aplicación de mensajería instantánea Whatsapp. Con más de 900 millones de usuarios, es el sistema de comunicación más usado en el mundo. Y aparentemente también uno de los que más rupturas amorosas y ansiedad provocan.

Un supuesto estudio, atribuido al CyBerPsychology and behaviour Journal, revelaba que hasta el 2013 Whatsapp había provocado que cerca de 28 millones de usuarios terminarán su relación de pareja por la ansiedad –y sus consecuentes efectos-, que provocaba en ellos el hecho de que no hubiera respuesta inmediata a sus mensajes. Sin embargo, dicho trabajo no fue validado de manera confiable por lo que esta cifra –aunque puede asustar a algunos-, debe tomarse con pinzas.

Pero independientemente de que hayan sido o no esas 28 millones de rupturas ciertas, es un hecho que las alteraciones emocionales en las personas que usaban la aplicación se potenciaron aún más cuando la compañía informó que el sistema que anuncia la recepción de un mensaje por medio de un doble check (o dos palomitas como decimos en México), ahora se marcaría en un tono azul indicando que dicho mensaje había sido leído. Si a esto se le sumaba que también había notificaciones que avisan “última conexión a las…” y “en línea”, el escenario estaba dispuesto.

Entonces los resultados no se hicieron esperar y aparecieron por medio del llamado “Síndrome del doble check”, que se presenta en los usuarios que manifiestan síntomas inequívocos de ansiedad después de que aparecen las dos “palomitas” azules y no recibe respuesta.

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Este síndrome puede incluir cinco tipos de síntomas:

Los primeros son los psicológicos como agobio, sospechas, temor a perder el control de la relación o inseguridad.
Los físicos como son sensación de vacío en el estómago, sudoración, taquicardia o cansancio.
Los conductuales, por ejemplo hipervigilancia, impulsividad o torpeza para actuar asertivamente.
Síntomas cognitivos en donde entran las dificultades para concentrarse, la preocupación excesiva, las interpretaciones erróneas y un estado de confusión permanente.
Finalmente están los sociales como irritabilidad, bloqueo al responder, ensimismamiento o temor excesivo a los conflictos.

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Las manos del diablo

Como es prácticamente imposible prescindir –aceptémoslo-, de algo tan esencial en la vida actual como el Whatsapp u otro medio de comunicación inmediata, el problema se recrudece. Sin embargo, lo que sí se puede hacer es empezar a entender que no es la herramienta el problema, sino el uso inadecuado que se hace de ella.

Cualquier aplicación que se encuentre en manos de una persona cuyo objetivo primordial sea usarla para tener un control sobre otra persona (en este caso su pareja), disparará la ansiedad de dicho individuo. Cuando se trata, básicamente, del uso de una herramienta por medio de la motivación inadecuada estamos hablando de actitudes y conductas derivadas de una profunda y personal inseguridad –literal y simbólicamente hablando-.

En este sentido hay dos cuestiones que influyen notablemente en el uso de Whatsapp como medio de control de la pareja: la percepción errónea y la asunción.

Por un lado, la percepción es aquello que nos permite tener un primer conocimiento de algo basado en las impresiones que comunican los sentidos. Sin embargo, la ausencia o inadecuada información de esos sentidos nos puede llevar con facilidad a una percepción errónea. Esto ocurre en el caso que estamos tocando cuando, por ejemplo, la persona se anticipa a la información y da por hecho que lo que percibe le está comunicando algo cuando realmente no es así.

“Ya sé que vio el mensaje”, podría ser el pensamiento al no recibir respuesta después de aparecer el doble check azul; pero esta percepción se convierte en errónea y da paso a un estado ansioso cuando a ese pensamiento le sigue un “… y no me quiso responder”.

Escrito por Vicente Herrera 

Fuente: psicocode

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