Por Bárbara Rother

Hace poco Steve y yo hicimos un viaje maravilloso de cuatro días a California para celebrar nuestros 42 años de matrimonio.  Alejarnos de nuestra vida diaria y estar juntos fue algo muy especial.

Los dos primeros días los dedicamos a visitar a la familia en San Diego.  Fue maravilloso ver a todo el mundo y también explorar el área que significa tanto para nosotros.  San Diego fue nuestro hogar por muchos años.  Ahí criamos a nuestros dos hijos.  Nos mudamos para allá cuando nuestro primer hijo tenía tan solo seis meses y nos quedamos durante treinta años.  Ahora que pasamos frente a nuestro viejo hogar, nos pareció pequeño, pero fue nuestro hogar soñado en esos tiempos.  Era el mejor lugar para criar a los hijos.  Estábamos en una comunidad en la que los niños podían jugar en el arroyo cercano y pescar cangrejos.  Podían ir en bicicleta al cine local, a los bolos y a la escuela.  Era un lugar seguro y de inocente diversión.

Los siguientes dos días de nuestro viaje nos dirigimos al área de Los Ángeles.  Jugamos en la playa de la Isla de Balboa.  Fue mágico cenar al final del muelle, escuchando las olas y mirando el dorado atardecer sobre el océano.   ¡Fue muy romántico!

Luego decidimos seguir con la visita al pasado recorriendo los otros hogares en los que vivimos.  Fue divertido visitar primero nuestro hogar en San Diego y luego retroceder más aún en nuestra vida juntos.  Primero fuimos al área llamada Pomona.  Allí fue donde Steve y yo comenzamos a compartir nuestras vidas.  Me había mudado de mi hogar en Missouri, donde había vivido desde que nací hasta los veinte años, para empezar una vida nueva con Steve.  Nos dio tristeza ver que nuestra vieja casa ya no existía, aunque seguían allí muchos otros puntos de referencia. Recuerdos de tiempos maravillosos que compartimos inundaron nuestras mentes.  Incluso seguía allí el pequeño supermercado en el que trabajé.  Entrar fue como entrar al túnel del tiempo.  Nada había cambiado, solo yo.  Comprendí entonces lo lejos que había llegado en mi crecimiento personal.

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pasado

Continuamos hacia el lugar donde habíamos vivido después, en Long Beach.  Recuerdo lo mucho que me complació mudarme a ese lugar porque estaba más cerca del océano. Era un hogar acogedor donde crecimos y descubrimos más sobre lo que éramos y en quiénes nos estábamos convirtiendo.  En ese lugar pasamos de ser dos personas que vivían juntas sin preocupaciones a ser una pareja casada con su primer hijo.  Nos detuvimos frente a la linda y pequeña casita vieja y tomamos algunas fotos mientras la gente nos miraba tratando de adivinar lo que hacíamos.  Me hubiera encantado ver el interior de esa casa, pero tenía otros residentes que estaban creando sus propios recuerdos.

Con frecuencia nos preguntan por qué nos mudamos de San Diego a Las Vegas. Sé que la necesidad de mudarnos fue llegando gradualmente, pero supe cuándo fue el momento de mudarnos a otro sitio.  Nuestros hijos habían crecido y tenían sus propias vidas y Steve y yo volvimos a ser una pareja libre de estar dondequiera que eligiéramos.  En ese tiempo viajábamos por todo el mundo.  Siempre recordaré el momento en que el avión voló en círculos sobre el área de Las Vegas, Nevada, esperando aterrizar para presentar un seminario.  Steve y yo miramos hacia abajo, curiosamente al lugar donde vivimos ahora y dijimos al unísono: “¡Nos mudaremos acá!” Luché con ese sentimiento porque creía que San Diego sería siempre nuestro hogar.  Al mismo tiempo, me emocionó la posibilidad de vivir una nueva aventura con Steve.  Así que seguimos a nuestros corazones y encontramos el hogar perfecto para nosotros.  Las Vegas no es comprendida.  Algunas personas no se imaginan viviendo acá.  Es conocida por las luces brillantes y las actividades de La Franja, pero va mucho más allá de lo que la gente cree.  Esa parte está disponible cuando quiera que deseemos vivir eso, pero lo que atesoramos más es nuestro tiempo en el hogar que hemos creado para que sea un refugio para nosotros.  Las montañas no están muy lejos y con un corto viaje en auto podemos estar en un paisaje hermoso y totalmente diferente.

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Extraño el océano, pero California no está tan lejos. Vamos con frecuencia.  Cuando nos mudamos a Las Vegas alguien me preguntó si este sería nuestro último hogar y si planeábamos quedarnos por el resto de nuestras vidas.  Mi primera reacción fue responder que no, porque en ese tiempo apenas me estaba ajustando al nuevo entorno.  En este mes celebramos diez años felices del lugar que llamamos hogar.  ¿Será para siempre? ¿Quién sabe?  En estos momentos es el sitio perfecto para nosotros.

Sonrío al recordar el pasado.  Me siento totalmente en el presente y valoro la vida que tengo hoy en día.  Con seguridad, el futuro guarda muchas experiencias nuevas y emocionantes que crearán nuevos recuerdos día a día.

Con amor y luz,

Bárbara Rother

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Septiembre de 2014

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