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A medida que el Alma realiza su plan de vida, es propensa a crear desequilibrios. Luego, cuando llega el momento de la muerte del cuerpo físico, a menudo suele haber situaciones kármicas que no se han despejado o equilibrado.

Entonces, el Alma, posteriormente, vuelve a tomar un cuerpo para venir al plano físico y poder despejar sus deudas, corregir los errores y traer equilibrio y armonía. Pero si la conciencia queda atrapada nuevamente en las ilusiones y el glamur, puede terminar creando mayores situaciones kármicas que el Alma tenga que encarnar nuevamente a un cuerpo para despejarlas. Y etcétera.

En algún momento, la conciencia va a llegar a entender todo este proceso. Va a aprender a ser un creador responsable.

Ve a tu interior y vé el rostro de Dios. Le he mostrado a la gente los métodos y las técnicas para ir a su interior, para tener la experiencia del Espiritu  por sí misma. Nadie puede hacerlo por ti. Tú eliges si lo haces o no, tú mismo.

Algunas veces la gente pregunta: — ¿J-R, qué puedo yo hacer por ti?  Y respondo: “Ve a ver el rostro de Dios, luego regresa y dime si me he equivocado porque si es así, puedo corregirlo.” De esa manera, todos nos estaremos corrigiendo unos a otros en lo correcto; no para justificar al ego, sino en rectitud.

He aquí una sanación para contemplar: Toma tiempo, cinco minutos es más que suficiente, para visualizar los tejidos, las células, los nervios y los centros nerviosos, todo iluminado y completamente revelado a tu visión interior. Invoca la unción y la bendición de Jesucristo, la misericordia infinita, el infinito poder de renovar, de restaurar, de renacer. Contempla esta visión lo mejor que puedas.

No hay necesidad de demorar cuando pones esto plenamente en tu fé en Dios. Sabe que es Su voluntad que se hace para usarte como co-creador. En este momento de entregarte a Dios, te ves actuando completamente de acuerdo con la voluntad de Dios, que está llena de vida, llena de dicha, llena de paz y de buenas nuevas. Permite que tu cáliz de bendiciones esté pleno y desbordandose sobre todos una y otra vez, sin necesidad de medirlas. Baruch Bashan.

John Morton y John-Roger

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