¿Cómo cambiar un pensamiento Promotor? 

El modo más rápido de cambiar un pensamiento raíz, o una idea promotora, es
invertir el proceso pensamiento-palabra-obra.


Es decir, realiza la acción que quieras que lleve consigo el nuevo
pensamiento. Luego pronuncia las palabras que quieras que lleve consigo tu
nuevo pensamiento. Hazlo bastante a menudo, y enseñarás a tu mente a pensar
de una manera nueva.

Si quieres cambiar un pensamiento raíz, tienes que hacerlo antes de
pensarlo. Decide actuar antes de pensar. Cuando quieras cambiar un
pensamiento raíz, obra de acuerdo con la nueva idea que tengas. Pero debes
actuar con rapidez, o tu mente matará la idea antes de que te des cuenta. Y
lo digo literalmente. La idea, la nueva verdad, morirá en ti antes de que
hayas tenido la oportunidad de ser consciente de ella.

Actúa, pues, con rapidez cuando surja la oportunidad; y si lo haces a
menudo, tu mente pronto hará suya la idea. Y será tu nuevo pensamiento.

Las afirmaciones no funcionan si no son más que declaraciones de algo que
quieres que sea verdad. Las afirmaciones sólo funcionan cuando son
declaraciones de algo que ya sabes que es verdad.

La mejor “afirmación” es una declaración de gratitud y reconocimiento.
“Gracias Dios  por darme el éxito en mi vida”. Ahora bien, esa idea,
pensada, dicha y realizada, produce resultados maravillosos cuando proviene
de un auténtico conocimiento; no de un intento de producir resultados, sino
de la conciencia de que los resultados ya se han producido

***La preocupación es precisamente la peor forma de actividad mental que
hay después del odio, y resulta profundamente autodestructiva. La
preocupación no tiene sentido. Es malgastar la energía mental. Además crea
reacciones bioquímicas que dañan al cuerpo, produciendo un sinfín de
problemas que van desde una simple indigestión hasta una parada cardíaca
.
La salud mejorará casi en el mismo instante en que cese la preocupación.
La preocupación es la actividad de una mente que no entiende su vinculación
conmigo.
Toda enfermedad ha sido creada antes en la mente.
Nada ocurre en nuestra vida – nada – sin que primero haya sido un
pensamiento. Los pensamientos son como imanes, que atraen sus efectos sobre
uno.
Puede que el pensamiento no siempre sea evidente – y, en consecuencia,
claramente causal-, tal como: “Voy a contraer una terrible enfermedad”. Es
posible que sea(y normalmente es) mucho más sutil que eso: “No merezco
vivir”; “Mi vida es un lío”; “Soy un perdedor”; “Dios va a castigarme”;
“Estoy hasta la coronilla de mi vida”.
Estos pensamientos constituyen una forma de energía muy sutil, pero
sumamente poderosa. Las palabras son menos sutiles, más densas. Las
acciones constituyen la forma más densa de las tres. La acción es energía
en una forma física fuerte, con un movimiento potente. Cuando piensas,
hablas y actúas según un concepto negativo tal como “Yo soy un perdedor”
pones una enorme cantidad de energía en movimiento.

Resulta muy difícil invertir los efectos del pensamiento negativo una vez
estos han adquirido forma física. No es imposible, pero sí muy difícil. Se
requiere un acto de fe excepcional. Se requiere una extraordinaria
confianza en la fuerza positiva del universo, llámese Dios, Diosa, Motor
Inmóvil, Fuerza Primera, Causa Primera, o lo que sea.
Los sanadores poseen precisamente esta fe. Es una fe que penetra en el
Conocimiento Absoluto. Saben que estás preparado para ser completo y
perfecto en este mismo momento.
Ese conocimiento es también un pensamiento,
y muy poderoso. Tiene el poder de mover montañas, por no hablar de las
moléculas de tu cuerpo. Así es como los sanadores pueden curar incluso a
distancia.

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El pensamiento no conoce distancias. Viaja alrededor del mundo y atraviesa
el universo en menos tiempo del que tardas en pronunciar la palabra.

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