Todas las manifestaciones de nuestra vida emiten sonidos. Los pensamientos, los sentimientos, los actos que respetan las leyes de la armonía resuenan, en cierta forma, como la música. Y  cuando encontramos también el buen ritmo que hay que dar a nuestros gestos y a nuestras palabras, vivimos de acuerdo con las leyes de la música.

Alguien dijo un día que en Dios todo puede descansar, salvo los oídos… Sí, pero, ciertamente, Dios cierra los oídos a los estrépitos y a las rebeldías que suben de la tierra. Sólo escucha las oraciones musicales, aquéllas que se elevan del alma de sus hijos y de sus hijas. Una oración que no es musical no es recibida. Así que, preparad vuestras oraciones de acuerdo con las leyes de la música y seréis escuchados.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

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