Nos enamoramos de las personas que se han colocado en nuestro camino para acelerar nuestro crecimiento espiritual y aprovechar nuestros poderes internos.

Su tarea es mostrarnos que ya poseemos las cualidades que necesitamos para nuestro desarrollo futuro.

El alma sola encuentra a estas personas a pesar de nuestro sentido común.

La vida hace lo que se supone que debe hacer.

Esta es la base del desarrollo personal, pero también es una ilusión al mismo tiempo. En realidad nos enamoramos de nosotros mismos, o mejor dicho de nuestro ser futuro.

Esas personas que nos gustan reflejan las cualidades que nuestra alma necesita.

Cada defecto que tienen prácticamente desaparece en el momento en que comienza la transformación.

Como regla general, la transformación interna es dolorosa y comenzamos a adquirir las cualidades que amamos en otra persona.

Para que esto ocurra, tenemos que pasar por algunos cambios internos que se refieren a nuestras perspectivas personales y puntos de vista.

Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, esto se hace evidente solo después de que nos separamos. El dolor nos catapulta a un mundo nuevo y cuando finalmente estamos en este mundo nuevo, podemos mirar hacia atrás sin emoción y observar objetivamente los acontecimientos del pasado.

La ilusión finalmente se ha ido, y lo que queda es la realidad objetiva.

Por lo tanto, no culpes a los demás por tus expectativas no cumplidas.

La próxima vez serás la razón detrás del cambio de alguien.

Surge la pregunta: «¿Cuándo terminarán estos ciclos de amor?»

Hay alguien para cada uno de nosotros que se convertirá en una parte permanente de nuestro mundo; Alguien cercano a nuestro plan energético.

Cuando él o ella aparece, es mejor que resuelvas tu interior, de modo que ya no tengas que buscar las piezas faltantes.

Lo único en lo que tendrá que concentrarse ahora es crear algo nuevo juntos.

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