Cloe era una pequeña gata persa de color gris y blanco. El pecho y las patitas eran de color blanco con una textura como el algodón. La gatita tenía una bonita cara con unos ojos de color miel y de mirada traviesa. Su carita gris llamaba la atención porque se le formaban unos trazos blancos encima de la boca y debajo de la nariz, que simulaban ser unos elegantes bigotes. Encima de la cabeza tenía unas orejitas que le hacían parecer una duendecilla.
A Cloe la compré hace más de seis años y fue como una ayuda terapéutica para la naturaleza enfermiza de mi hija pequeña Luz. Yo había leído en algunos artículos periodísticos que los animales domésticos ayudaban a mejorar el ánimo a los niños enfermos y a los ancianos. En un principio dudé de esta opción por causa de mis alergias, pero al final el amor de madre pudo más, y decidí adoptar a la pequeña Cloe exactamente el día 9 de octubre del año 2009.
La gata era independiente, curiosa, respetuosa y obediente, aunque cariñosa sólo con quien ella quería… En la casa mantenía siempre un espacio de un metro de distancia con los desconocidos, porque era muy asustadiza. A mí me encantaba su actitud de alejamiento, era como un reconocimiento hacia el espacio personal de cada uno y tampoco me agobiaba con el ruido de sus maullidos. En cierto modo tenía gran semejanza con mi personalidad felina. Así que, con el paso del tiempo, la relación entre nosotras se fue afianzando y fortaleciendo.
En la actualidad vivía con la única compañía de la gata, tras la recuperación de mi hija que se había independizado. Cuando llegaba a casa la oía como bajaba desde la buhardilla trotando por la escalera de madera de teka. Entonces se plantaba ante mí, me miraba a la cara buscando una señal de aprobación para darme un toquecillo con la pata delantera en la pierna y me rendía una pleitesía. Cada mañana la gata se esperaba al lado de la puerta de mi habitación hasta que me levantase, pero sin hacer ruido, luego cuando salía de allí, ella me saludaba y se bajaba a desayunar. Así que a base de pequeños detalles encantadores, se estableció un poderoso vínculo afectivo entre ambas que se incrementaba durante la convivencia diaria.
Por desgracia, el fatídico domingo 10 de enero del 2016 a Cloe la atropelló un coche y la mató casi en el acto. Ni siquiera paró el vehículo porque conducía a gran velocidad junto con otro coche que le pisaba los talones. El atropello sucedió justo en la esquina de la calle peatonal donde tengo mi casa.

Alexas_Fotos / Pixabay

Tras este hecho traumático, la pena es increíble. ¡No me podía creer que yo sintiese un cariño tan fuerte hacia un animal!. Era una relación de una complicidad mutua y nos habíamos adaptado bastante bien. Realmente era casi como otro miembro de la unidad familiar, que dormía en la buhardilla.
Es evidente que ciertos animales parecen más avanzados en la escala evolutiva y espiritual que otras personas, que a menudo se comportan de una manera más animalizada. Sí, los animales tienen alma y están en un grado inferior de evolución espiritual que los seres humanos, porque aún conservan su instinto natural. Sin embargo muchos de ellos están más adelantados en la Ley del amor, ya que tienen unos sentimientos más puros y elevados que algunos “animales racionales” también llamados seres humanos. Sin ir más lejos, se podría decir: ¡que cualquier perro es capaz de ofrecer a su dueño un amor incondiciona!l.
Hoy sé, que sí Cloe se ha ido, era porque su misión en esta Tierra se había terminado, pero lo cierto es que se va en un momento muy difícil de mi vida. Un momento de gran soledad personal y sentimental. Ahora mismo siento que la casa está muy vacía sin ella. Me dispongo a llorar lo que necesito, a hacer el duelo y así, lo antes posible, superar su ausencia.
La gata era muy territorial y no dejaba que ningún animalito rondase por la casa. Ella, desde su silla en el comedor, se asomaba por la ventana al jardín y desde su “trono” vigilaba la calle. Cuando veía que, alrededor de la casa, se acercaba algún gato, entonces se transformaba en una leona y emergía su instinto salvaje. Yo me quedaba muy sorprendida, pues su carita de mirada dulce sufría una transformación asombrosa. Lógicamente era un felino y tan sólo defendía su territorio. Hace unos días observé que por el jardín merodeaba un gato negro con manchas oscuras y vi cómo se asomaba por la otra parte de la ventana y éste le plantaba cara. Ante el reto, Cloe se ponía muy ofuscada, se hinchaba, bufaba y arañaba con mucha saña los cristales de la ventana.
La trágica tarde cuando llegué a casa, como siempre, Cloe seguía asomada a la ventana y estaba esperándome. Nada más entrar, desde el pasillo, le advertí que no saliera de casa. Como era muy obediente, tranquilamente entré algunos enseres a la cocina. Durante unos instantes me dejé la puerta de la calle abierta. Al rato observé que la gatita no estaba a mi alrededor. Después de llamarla y buscarla por toda la casa, pensé que, en algún descuido, como era tan rápida, se habría ido al jardín. Entonces salí a la calle a ver si la encontraba. Qué ironía, por casualidad vestía un chándal con diversos motivos gatunos.
Yo estaba mirando por debajo de los coches, pero dudaba y no me atrevía a abrir la tapa para mirar dentro de los contenedores… Al instante se acercaron dos chicos jóvenes y me preguntaron si estaba buscando un gato. Enseguida con lágrimas en los ojos les dije que sí. Los chicos me dijeron que acababan de ver a dos conocidos como se iban en dos coches y que éstos conducían a gran velocidad. El primero era un coche seat león de color negro y el otro le seguía muy de cerca. En un instante vieron a un gato que iba muy veloz y cruzó la calle persiguiendo a otro gato. De repente el coche negro los pilló a los dos. El individuo del atropello ni siquiera paró el coche y se dio a la fuga. Los jóvenes acudieron a socorrerlos y sólo vieron como la gata, tras el golpe, se intentó levantar del suelo. De repente se cayó desplomada y murió en el acto. Cloe, simplemente se dejó llevar por su instinto felino.
El dolor que siento es desgarrador, pero la vida sigue. Aunque su ausencia me corroe, ella murió por la tarde a las 19 h. y desde las 22 h, ya descansa en la tierra. Gracias a mi hija pequeña y a su pareja anoche se le pudo enterrar entre el galán de noche y un rosal.
Sin embargo, todos estamos de paso en este mundo. Se trata del ciclo de la vida y la muerte. La gatita cumplió perfectamente esta misión amorosa, que tenía encomendada en el clan familiar. En cierto modo ayudó a que mi hija superase sus dolencias. Incluso, reconozco que, a mí a diario me aportaba más cariño que otras parejas. En definitiva y como decía San Francisco de Asís: “los animales son como nuestros hermanos pequeños”.
Y sí, creo que los animales tienen alma. Espero que cuando se me pase el padecimiento por su pérdida, desde las esferas superiores me den algún rayo de lucidez que me permita ver por unos instantes el alma de Cloe asomándose por la ventana. Que dádiva sería verla una vez más mirando a los pajaritos como se posaban en las ramas del jardín…
En alguna ocasión, cuando estoy en casa y oigo algún ruido, me suena a su típico maullido de aprobación, como diciendo que está ahí a mi lado, esperando algo, o mirándome mientras hago las tareas de la casa. Los gatos son muy curiosos y cuando se aburren, se entretienen en prestar atención a todo lo que hacemos los humanos.
En la fatídica noche, no pude conciliar el sueño y pensé que no había tenido ningún tipo de premonición relacionada con su muerte. Era un hecho normal que soñase o tuviese algún presentimiento sobre los próximos fallecimientos de mis familiares. Entonces recordé un detalle, en apariencia, sin importancia y que me sucedió unas tres semanas antes. El día de Navidad durante la comida con mi familia, sucedió un hecho al menos curioso. Después de tomarme el café y tras el último sorbo, dejé la tacita en la mesa. Fijé la mirada pensativa en la taza, con sorpresa, miré una imagen que se había formado con los posos del café. Cogí la taza y en una pared se veía claramente la figura de un gato de espaldas, que estaba como mirando por una ventana. En el otro lado de la taza se veían dos pájaros unidos por los picos. Cuando vi la figura del gato se lo mostré a mi acompañante que me dijo: sin lugar a dudas es un gato, está claramente dibujado. Entonces alegremente le comenté que sería una señal sobre Cloe, puesto que ella estaba muy presente en mi vida y que le tenía mucho cariño.
Esa misma noche, pensé que el perfil del gato en la tacita era como un aviso, una advertencia para que prestase la debida atención a aquello que me rodea. Quizá algunas personas opinen que se trata de una simple casualidad. Sin embargo, para mí y después de lo sucedido, la imagen significaba una clara predicción, es decir, para prepararme ante la inminente despedida de Cloe.
Afortunadamente, dos días después de navidad, sentí una imperiosa necesidad de grabar un vídeo a la gatita mientras bebía agua del grifo, y además le hice muchas fotos. Pensé que sería un buen recuerdo para el futuro cuándo ella ya no estuviese conmigo. Pero suponía que su marcha se produciría después de unos cuantos años más de convivencia.
En estos días, he estado meditando sobre este sufrimiento emocional, y he llegado a la conclusión de que en el fondo todo aquello que intuimos (imágenes, señales, ideas, o pensamientos) es porque nuestra alma ya lo sabe. La intuición es esa idea repentina que surge en la mente con una gran sensación de certeza, y sin ningún razonamiento, o lógica. En algún rincón de mi alma, ya conocía el lugar exacto donde fallecería la minina.
A continuación rememoré una escena de mí misma buscando a Cloe, ¿era algo que ya había vivido o era como un “déjà vu”?. Me preguntaba: si sería un recuerdo de algún otro día en que ella se extravió, o ¿quizá fue algún tipo de presentimiento?. La visión me situaba en el mismo sitio de la calle llamándola y buscándola entre los coches. Me dirigía hacia los contenedores, y no me atrevía a abrirlos por sí allí la encontraba… Exactamente tal y como sucedió aquella tarde. Naturalmente, como soy muy racional, apenas hice caso a esta idea, porque únicamente pensé que se trataba del típico miedo ante la pérdida de lo amado.
En realidad, sabemos mucho más de lo que creemos conscientemente, y gozamos de libre albedrío. Hay libertad de elección para aceptar o ignorar estos pensamientos intuitivos. Si decidimos no hacer caso a nuestras intuiciones, es una opción más preventiva, porque así creemos que éstas no nos condicionarán con posterioridad. Ciertamente, estas súbitas iluminaciones son de gran utilidad, ya que nos avisan o preparan ante la proximidad de algún suceso inminente o traumático. Por otro lado creo que lo más difícil de esta cuestión sería tener la capacidad de distinguir unas de otras, es decir, saber diferenciar las verdaderas intuiciones de los miedos personales. Entre los miedos más comunes y repetitivos están el miedo a la soledad, o al abandono, la carencia etc. Mientras que las intuiciones surgen súbitamente en la conciencia individual, pero sin un razonamiento, o lógica, así como con una gran sensación de certeza y autenticidad.
A pesar del profundo dolor, que siento ahora mismo, sé que es algo transitorio. Con el paso del tiempo la pena se irá disipando, y al final desaparecerá. Por supuesto, que le doy las gracias a la gatita por hacerme la vida más fácil durante la convivencia, y brindarnos ese cariño tan especial a mí y a mis hijas. Lo cierto es que, sin prisas, la esperaré en su avance evolutivo y a lo mejor coincidiremos en alguna vida posterior. Espero que en el espacio infinito, llegue un día en que se reconozcan nuestras almas y pueda comprobar cómo ella progresó adecuadamente en la escala espiritual, y pudo evolucionar hasta llegar a ser el alma de una persona.
Seguidamente voy a narrar una anécdota que me sucedió el sábado pasado y que tiene cierta relación con los mensajes del Universo. Era un día antes de que muriese Cloe. Sonó el timbre de la casa y tuve una visita sorpresa de mi hija mayor, Violeta con su pareja. Les ofrecí una infusión de manzanilla y yo me tomé un té de frutos rojos. Al rato cuando se marcharon de la casa me dispuse a fregar las tazas. Tras cogerlas, con sorpresa vi que se había formado una caprichosa figura en el fondo de la mía. Se trataba del perfil de un feto con la cara y los bracitos muy definidos y que estaban coloreados en tonos rojizos, además al lado de sus piececitos se había formado un gran corazón rosado. Le hice una foto y se la mandé a mi hija que “casualmente” se encuentra embarazada de 4 meses. Con alegría comentamos que era un bello mensaje de amor relativo al principio del ciclo de la vida, o de la Creación.

Y la vida continúa a través del espacio infinito, aún más allá de la muerte. Simultáneamente, si prestamos la debida atención, el Universo se vale de cualquier manera para indicarnos el camino a seguir… En estos dos casos con algunas imágenes en las tacitas. En verdad: ¡tan sólo hay que estar receptivos a esas señales que el Cielo nos envíe!. Gracias a los mensajeros espirituales por el aporte de todas sus inspiraciones, pensamientos, o ideas que tanto nos apoyan y sostienen en las pruebas existenciales.

Texto de Amparo Ga, Tomado de prendidaenlaluz.blogspot.com.es

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