Por un par de años, el neurocientífico Gregory Berns de la Universidad de Emory de USA, estudió el cerebro de los cachorros.

Su equipo trabajó con doce perros, adiestrándolos para poder trabajar con ellos en situaciones normales y apacibles, sin anudarlos ni sedarlos ni someterlos a procedimientos que pudiesen ocasionar su incomodidad o bien desagrado. Los resultados que consiguieron de una resonancia imantada, son sorprendentes: «Los perros asimismo son personas».

«La capacidad de enseñar reacciones positivas, como amor y apego, querría decir que los cachorros tienen un nivel de sensibilidad equiparable al de un pequeño. Y esa capacidad sugiere que debemos repensar la manera en la que tratamos a estos animales» escribió Berns en un artículo para el New York Times.

Los cachorros también son personas
Los cachorros también son personas

De qué manera marcha el cerebro de los perros

El proyecto para esta investigación se comenzó en dos mil doce.

La primera prueba fue con la propia perra del científico que lideró la investigación, llamada Callie. La cachorra fue adiestrada a lo largo de meses para ser sometida a una resonancia imantada, lo que dejó a los científicos conseguir uno de los primeros mapas de actividad cerebral canina.

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«En ensayos siguientes, conseguimos determinar exactamente en qué unas partes del cerebro los perros distinguen el fragancia de otros perros y de humanos, sean familiares o bien no» explicó Berns.

Los estudiosos advirtieron que la una parte del cerebro que procesa el sistema de recompensas de los perros sabe distinguir si su dueño tiene o bien no una galleta para darle a cambio de darle su pata.

Cuando los perros reciben señales de comida o bien ven a sus dueños, parte de su cerebro llamada núcleo caudado trabaja más. Esa zona está dominada por un neurotransmisor común en los humanos: la dopamina, que forma un sistema de recompensas que libera la sensación de placer.

Para hacer una comparación, la sensación que un can tiene al ver a su dueño es muy afín a la que tenemos cuando tras estudiar para un examen somos retribuidos con buenos resultados, o bien el placer que conseguimos al comer algo que teníamos muchas ganas de comer.

Lo sorprendente de este descubrimiento es que la satisfacción del animal no se vincula al fragancia, sino más bien con la manera en que movemos nuestras manos para comunicarnos con ellos. Se trata, entonces, de una percepción.

Los sentimientos de los cachorros y la ciencia

La enorme complejidad de la ciencia para establecer la semejanza entre perros y personas reside, conforme este neurocientífico, en el hecho de que los perros no pueden charlar.

En consecuencia todas y cada una de las investigaciones se fundamentaban en general en el comportamiento.

«Los científicos confiamos en observaciones de comportamiento para examinar qué piensan los animales. Es una labor difícil. No se le puede consultar al cánido por qué razón actúa de una determinada forma. Y efectivamente no se le puede consultar de qué forma se siente. La perspectiva de echar luz sobre las emociones de los animales atemoriza a muchos científicos» consideró Berns.

Con su análisis sobre la actividad cerebral de los perros, Berns ha abierto una nueva posibilidad para entender más a fondo a los animales.

Artículo traducido desde el original de VIX Brasil, del autor Tiago Ferreira.

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