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Hay, por lo menos, dos clases de descontento. El descontento humano promete que nos sentiremos mejor cuando los cambios tengan lugar en nuestro mundo externo. Es descontento divino nos hace desear cambiar la manera en que pensamos, actuamos y vivimos. Este descontento requiere un cambio interno.

El descontento humano es tan parte de la vida como el descontento divino. Es un “pueblo” a través del cual viajamos de camino a nuestro destino final. Hoy reconocemos lo que una vez creíamos que disiparía el descontento y nos traería gozo.

En el espacio abajo, haz una lista de algunos de los cambios externos que una vez creíste que eran las respuestas a tus problemas:

 

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