En frente de la oficina de mi padre había una empresa que se dedicaba a organizar viajes a Inglaterra y Estados Unidos para jóvenes y adolescentes. Por aquel entonces, yo tenía 17 años y soñaba con viajar a USA. Un día fui y les pedí información, me llevé a casa varios catálogos y folletos sobre donde estudiar en USA, familias con las que convivir durante ese período, internados, colegios mayores, etc.

Recuerdo como si fuera ayer que cuando me iba a dormir, me quedaba un rato todas las noches acostada en la cama mirando esos folletos, sentía que estaba allí, no sólo sentía la posibilidad real de que algún día estaría allí, es que jugaba a que ya estaba allí: cerraba los ojos y me veía hablando en inglés, visitando Nueva York, totalmente adaptada a la cultura americana, riéndome de sus chistes y yendo muy rápido a todas partes…daba igual si lo que imaginaba era realmente la cultura norteamericana o lo que mi cerebro adolescente pensaba que era la cultura norteamericana, el caso es que a mi me hacía feliz “jugar” a que vivía allí. Recuerdo que a la mañana siguiente me levantaba e iba al instituto, reía con mis amigas, charlaba con mis compañeros de clase, y no volvía a acordarme de USA hasta que llegaba la noche, y en mi cama volvía a repasar todos aquellos folletos. Por supuesto no se lo contaba a nadie, ¿por qué iba a hacerlo? Era un juego, algo divertido, no era algo a lo que yo le hubiese puesto fecha de realización, simplemente me divertía sintiendo que ya estaba pasando, y luego, durante el día me olvidaba de ello y no se lo contaba a nadie, porque ni me acordaba, ni consideraba que tuviera relevancia alguna.

Al cabo de dos meses, una empleada de un importante cliente de mi padre en San Francisco viajó a España para reunirse con mi padre y su equipo. Como yo me defendía bien en inglés, mi padre me dijo que le acompañara a una cena. Allí conocí a Jill Van Beek, la empleada de la empresa norteamericana, una californiana de 24 años con la que hice muy buenas migas, tan buenas migas, que me invitó a ir a su casa, y dicho y hecho, el viaje de vuelta a San Francisco, Jill no lo hizo sola, yo fui con ella, y pasé una temporada recorriendo California y visitando Nueva York.

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Por aquel entonces ni se sabía lo que era la ley de la atracción, ni existía ningún libro que hablara sobre ello, simplemente hice algo que todos hemos hecho más de una vez en nuestra vida, algo que sabemos hacer porque venimos a este mundo con la sabiduría innata de crear. Nuestra vida es nuestra creación. Y venimos a eso, a crearla. Sabemos hacerlo. Pero con el paso del tiempo dejamos de crear, nos parece ridículo jugar.

materializar sueño

Echando la vista atrás me doy cuenta de que lo hacía de forma perfecta, por eso se materializaba lo que deseaba. Por un lado sentía que ya lo tenía, sin dudas, sin vergüenzas, sin límites, me veía allí, y disfrutaba viéndome allí, en segundo lugar no lo compartía con nadie, no por nada, simplemente o no me acordaba de contarlo o pensaba que no era relevante, el caso es que no lo contaba, y al no contarlo, sin saberlo lo estaba protegiendo de otras energías, que aunque fueran bien intencionadas podrían haber mandado al traste mi sueño de viajar a USA, en tercer lugar al olvidarme de mi sueño y seguir con mi vida normal durante el día, le estaba diciendo dos cosas al Universo, una, que no estaba pendiente del resultado, por lo tanto estaba confiando plenamente en el proceso cósmico, y dos, no lo negaba, es decir, que por la noche jugaba a que ya tenía lo que quería y el resto del día no negaba eso, ¿cómo negamos lo que deseamos?, dudando, haciéndonos preguntas sobre cuando se materializará nuestro sueño, o de que manera vendrá, o si realmente deseamos eso o quizá otra cosa, o preguntándonos si lo estamos haciendo bien o no, o si es bueno o malo lo que deseamos.

Nunca se me pasó por la imaginación que la oportunidad de viajar a USA sin mis padres vendría de un cliente de mi padre, porque mi padre no solía recibir visitas de clientes extranjeros. Yo siempre pensé en mis recreaciones que iría a estudiar allí un curso o un verano, aunque tampoco sé cómo me dio por soñar eso, porque mis padres eran bastante protectores, y no creo que me hubiesen nunca dejado viajar tan lejos sin ellos. Así que, tampoco le daba mucha importancia a cómo iría allí, no me entretenía en eso, prefería ir al grano, y “jugar” directamente a que ya estaba allí. Eso era lo que tenía más fuerza para mi, lo que más me hacía vibrar, lo que me dejaba el alma llena de amor y alegría, imaginar y sentir situaciones en las que ya me encontraba en USA. Lo demás me daba igual. No tenía los pies en la tierra. Era una loca soñando con vivir una experiencia que a todas luces nunca viviría porque mi padre jamás me hubiera permitido ir a USA si aquella chica no hubiera insistido tanto en que la acompañara, seguramente él aceptó porque se trataba de un cliente importante y no quería parecer descortés, pero si esa chica no hubiera venido a España, mi padre jamás habría preparado adrede un viaje a USA para mi, no me hubiese dejado ir sola con 17 años tan lejos de casa. Pero a mi me daba igual eso. Jamás pensé cuando soñaba en ir a USA en que mi padre no me iba a dejar. No pensé en las dificultades que mis padres me pondrían ante mi petición de querer conocer USA. Simplemente me lo pasaba bien soñando que ya estaba allí. Me imaginaba situaciones específicas, por ejemplo, me imaginaba dentro de una casa norteamericana, o en el jardín mirando el cielo y pensando “Guau Ruth estás en San Francisco” y ¿qué se manifestó?, pues un viaje a USA sin ninguna resistencia por parte de mis padres.

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Esta es la indefinible energía que materializa todos tus deseos. Así es la inabarcable e inconmensurable inteligencia que mueve los hilos para que tu sueño se cumpla. Habrás leído y escuchado muchas veces que para manifestar tu sueño sólo has de cumplir las leyes del Universo, pues bien, estas leyes son muy simples: DIVIÉRTETE. NO SE LO CUENTES A NADIE Y NO LO PONGAS EN DUDA. NO TENGAS LOS PIES EN LA TIERRA. SÉ UN LOCO Y DISFRUTA.

Otro día te cuento como conseguí ser locutora de la Cadena SER con 18 años, sin estudios universitarios acabados ni experiencia laboral alguna. Esta historia también tiene miga.

Un abrazo,
Ruth Carrillo
www.reconciliacioncuantica.com

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