Sobre Los Propósitos

por Dan Joseph

Albert Ellis Y El ABC

En la década del 50, ocurrió un cambio en el campo de la psicoterapia. El Dr. Albert Ellis, psicólogo de la ciudad de Nueva York, se sintió frustrado con la práctica del psicoanálisis freudiano y así comenzó a desarrollar una nueva forma de terapia.

El Dr. Ellis denominó “terapia racional” a esta nueva forma y luego evolucionó en lo que se conoce como Terapia Racional-Emotiva Conductual  o REBT por sus siglas en inglés. Este trabajo abrió el campo de lo que hoy denominamos terapia cognitiva conductual.

El Dr. Ellis falleció hace poco tiempo a la edad de 93. Antes de su deceso, fue elegido como el segundo psicólogo más influyente en la historia, y su trabajo continúa influenciando en muchas de las formas de terapia de hoy en día.

En honor al Dr. Ellis, y antes de desarrollar el tema de los propósitos,  me gustaría compartir las ideas fundacionales  de su sistema terapéutico conocido como el ABC.

Antes de comenzar la terapia, el Dr. Ellis explicaba el ABC a sus pacientes y he aquí su significado:

A es el evento activador (o adversidad) que tú experimentas

B es la/s creencia/s que tú tienes dada ese evento o adversidad

C es la consecuencia de esas creencias, incluyendo las consecuencias emocionales

El devenir de los sucesos, al igual que en el abecedario es

A —> B —> C

El Dr. Ellis trataba de ayudar a que sus pacientes vieran que C proviene de B y no de A. En otras palabras, las consecuencias de una situaciones provienen de nuestras creencias y no del evento activador original.

Como mencioné en mi artículo anterior1 , los personas pueden experimentar el mismo agente activador (por ejemplo, día lluvioso) pero como ambas personas tienen distintos sistemas de creencias, terminan por experimentar consecuencias emocionales completamente diferentes.

La persona que cree que “los días lluviosos son deprimentes” experimentará un día deprimente. La persona que cree que los “días lluviosos son hermosos” experimentará hermosura. Este no es un ejemplo hipotético, he observado sus efectos en un día lluvioso de reciente suceso en Colorado.

Durante décadas, el Dr. Ellis trabajó denodadamente para ayudar a que las personas cambiaran sus creencias, especialmente aquellas de auto condenación. En su práctica psicológica, ponía énfasis en B, es decir, en las creencias que podrían anclarnos en una situación.

Así descubrió que cuando sus pacientes reemplazaban sus creencias críticas y frustración con respecto a si mismos, por creencias de aceptación para con ellos (y con otras personas), estos pacientes experimentaban una fuerte mejora en sus conductas. Uno de sus favoritos refranes decía:

“¡Practica AAI  Auto Aceptación Incondicional!

“Pero no es suficiente, ¡practica AIO Aceptación Incondicional del Otro!

“Y también ¡AIL Aceptación Incondicional de la Vida!”

Es interesante mencionar que a pesar de que el Dr. Ellis era detractor de muchas de las formas de religión y espiritualidad, el REBT es, a mi entender, una de las maneras más importantes de terapia basada en el espiritualidad. En última instancia, el propósito de esta terapia es reemplazar pensamientos críticos o llenos de resentimientos por el perdón, la aceptación y el amor.

En próximos artículos seguiré abordando el ABC como una manera útil de aprender a cambiar nuestras creencias negativas y comenzar a pensar desde un lugar más amoroso.

Ahora me gustaría compartir una importante idea de Un Curso de Milagros, la idea que nos dice cómo establecer el propósito de nuestras actividades de antemano.

Sobre El Propósito

En mi actividad como consultor, muchas veces se abordan temas relacionados con el trabajo. Muchas son las personas que me comentan que no son felices con su trabajo y que están a la búsqueda de algo nuevo.

Hay una pregunta que generalmente formulo, una pregunta poderosa ya que puede sacar a la luz cuestiones muy profundas. La pregunta es:

“¿Por qué vas a trabajar todos los días?”

Como es una pregunta inesperada, las personas sueles contestar en formas parecidas a las siguientes:

“No sé, creo que necesito el dinero y el trabajo no es tan malo”,

“Bueno, no quiero vivir en la calle y morirme de hambre”,

“necesito algo que me mantenga ocupado”

Y cosas por el estilo.

Ahora bien, estas pueden ser razones perfectamente legítimas para ir a trabajar todos los días. Sin embargo, pocas son las personas que se dan cuenta de la influencia que ejercen estas razones.

Las razones que tenemos para ir a trabajar influye en la experiencia que tenemos del trabajo.

Para ilustrar mejor esta idea, imaginemos dos personas: Juan y María. Cuando le preguntas a Juan por qué va a trabajar, él contesta

“porque necesito el dinero. Tengo pilas de cosas que pagar y estoy tratando de ahorrar para el futuro”.

Por otro lado, cuando le preguntas a María, ella responde

“Me encanta resolver problemas diariamente, es una experiencia estimulante. Además, me encanta charlar con los clientes y trato de alegrar sus días”.

Apostaría que María es mucho más dichosa que Juan en su trabajo. María tiene un propósito que alimenta su entusiasmo, un propósito que le insufla aire a sus pulmones. Juan, por contraste, tiene un propósito que le consume el entusiasmo.

Lo más probable es que ni Juan ni Maria se hayan dado cuenta de que tienen propósitos específicos que alimentan su entusiasmo. Pero para los dos, el propósito se sienta tras bambalinas, alimentando las percepciones y por lo tanto las experiencias de su vida laboral. El propósito puede ser muy poderoso.

Que Es El Propósito

Quiero referirme sobre este tema sin hacer hincapié en cuestiones laborales o profesionales, sino más bien mostrar cómo el concepto de propósito puede ser empleado en nuestra vida cotidiana.

Es extremadamente raro, al menos en mi experiencia, que las personas establezcan intencionalmente un propósito para sus actividades. La mayoría de nosotros simplemente hacen las cosas en “piloto automático”, no prestándole mucha atención al propósito de nuestro comportamiento.

Sin embargo, es importante darnos cuenta que nuestra elección de propósitos establece el devenir de nuestras experiencias. Esta es una idea central en Un Curso de Milagros. El Curso nos exhorta a decidir de antemano cuál es el propósito de las situaciones en nuestra vida. Nos exhorta a preguntarnos “¿Por qué estoy haciendo esto?” y luego tomar una clara decisión sobre el propósito.

Vaya un ejemplo personal de esto. Casi todos los días, voy a un café. Con muy poca frecuencia decido de antemano cuál es el propósito de mis visitas. Si alguien me preguntara cuál es, probablemente diría que

“No lo sé, que es un hábito, que tengo ganas de tomar un café, que me gusta ver a amigos y conocidos en ese local y que además trabajar solo en casa es aburrido”.

Ahora bien, estas ideas no son una mala declaración de propósitos, salvo que es algo débil.

Un día, hace unas semanas atrás, decidí establecer de antemano un propósito, claro y fuerte.

Desde el espíritu del Curso dije “mi propósito hoy es el extender bondad a las personas con las que me encuentre, incluyendo a las de café. Esa es mi razón para ir allí hoy, extender bondad. Ese es mi propósito principal”.

No es de extrañar que mi experiencia de ir al café ese día fue haya sido completamente diferente. Tenía nuevos aires en mis pulmones, tenía una dirección clara. Me sentía pleno de energía y concentrado. Mis interacciones con las personas fueron mucho más interesantes. Por supuesto que extendí bondad y me sentí elevado por la experiencia.

Al día siguiente, caí en la mera rutina pero la idea había sido clara. Observé cuán fuerte es la influencia del propósito en relación con la experiencia. En última instancia, Un Curso de Milagros, al igual que otras enseñanzas espirituales, nos exhorta a dedicar concientemente todas nuestras actividades al propósito de la sanación y de la extensión del amor.

Sin embargo, como un paso hacia este objetivo, simplemente podemos practicar elegir un propósito, cualquiera sea, para nuestras actividades.  ¿Cuál es nuestro propósito de ir a trabajar? ¿Cuál es el propósito de charlar con un amigo? ¿Cuál es el propósito de ir al gimnasio? ¿A un  bar? ¿Cuál es el propósito de mirar tal o cual programa de televisión?

Al clarificar de antemano el propósito de estas actividades, comenzamos a ver cuán poderosas son nuestras intenciones, propósitos y objetivos.

Esta es una gran corrección para la inercia y el comportamiento habitual. Nos ayuda a focalizar nuestra mente y establecer una dirección fuerte y clara para nuestras actividades. Te invito a que experimentes este tipo de práctica y ¡veras que funciona!

Dan Joseph es autor de varios libros, entre los que se  destacan “Sanación Interior”   cuyos extractos y hojas de trabajo  se encuentran  disponibles  en su sitio. En Internet www.DanJoseph.com

 

Tags: , , , , , , , , ,

Menú de cierre

Send this to a friend