PIDE Y SE DARÁ

Hay una maravillosa enseñanza en esta pequeña frase que dice: “Pedid y se os dará”. Pedid y se os dará. Lo milagroso de esta enseñanza es que cuando la gente está teniendo difi­cultades están tratando de resolver la dificultad. ¿Cuántos de vosotros entendéis ahora lo que eso significa, tratar de resol­ver la dificultad? Entonces, ¿quién lo está resolviendo? (La audiencia responde: el cerebro amarillo). ¿Y qué experiencia tiene el cerebro amarillo? (La audiencia responde: el pasado). También, al tratar de resolver, vosotros hacéis planes y esque­mas, e intentáis ser inteligentes, pero, ¿quién está haciendo eso? Y durante todo este tiempo él está tratando de encontrar una solución al problema, y tratará de resolverlo por todos los medios, porque tiene que vivir a la altura de una imagen y está reafirmando esa imagen todo el tiempo.

            Bien, ¿y qué es eso tan profundo que hay en la declaración: “Pedid y se os dará”? Que todos los que final­mente piden han reconocido que ellos no poseen la solución conocida. Y es una rendición. Es una rendición. Es algo así como: “Me rindo. No puedo resolver esto. Me rindo; necesi­to ayuda”. Ahí es cuando recurrís a vuestro Dios y decís: “Esto te lo encargo a ti. No sé qué hacer”. Eso es maravilloso. Deberíais haber hecho eso hace mucho tiempo, porque si hicierais exactamente eso dejaríais de ocupar la corteza cere­bral y os moveríais hacia el cerebro medio. “Necesito ayuda, y no la estoy consiguiendo aquí arriba”. Entonces ésta siem­pre llega, porque cuando tú ya no tienes la respuesta y ya no eres lo suficientemente inteligente para resolverlo, tu Dios lo resolverá. ¿Pero no pensáis que debía de haberse hecho hace mucho tiempo?

            Así que no es necesario sufrir, nunca lo ha sido. No es necesario. Pero el sufrimiento hace a los mártires, lo cual también puede ayudar a reforzar a la víctima. ¿Cuántos de vosotros lo entendéis?

Ahora bien, rendirse no consiste en emborracharse, no. Eso te hace feliz, pero acarrea sus propios problemas. Consiste en decir simplemente: “Sabes, quiero esto, y en mi experiencia no sé cómo conseguirlo. Estoy pidiéndote ayuda porque yo no lo sé y no quiero interferir. No quiero interferir con mi propia grandeza.” Y todos aquellos que piden, recibirán. Simple, ¿no?

El crisol del alquimista

Esto es lo que quiero que hagáis. Quiero que hagáis una carta, y hemos aprendido que uno de los procesos en esta escuela es coagular un modelo de realidad, y eso lo hacemos en las car­tas. Todos hemos aprendido a aceptar de alguna manera que así es como modelamos la realidad. Y es un modo espléndido de hacerlo, toma mucho menos tiempo que hacerlo en tablas de barro o en pieles de animal.            

Entonces, quiero que ahora uséis vuestro cerebro amarillo y seleccionéis entre la balsa de su memoria un obje­to que os gustaría manifestar y que esté un peldaño más arri­ba que una pluma o un gancho, algo un poco más sustancial, un objeto. Y quiero que coloreéis ese objeto y que seáis ca­paces de verlo en vuestro cerebro en tres dimensiones, de modo que cuando lo estéis dibujando os podáis mover a su alrededor y ver su parte de arriba, la de abajo y su interior. Quiero que seáis capaces de hacer eso. Pero haced el dibujo y coloreadlo, porque ese es el objeto en el que vais a trabajar. Y le va a poner el anzuelo a vuestro cerebro amarillo porque vino de éste, pero el anzuelo significa que vamos a rescatar­lo del cerebro amarillo, pero no vamos a pedir su opinión. Y aquí está el verdadero entrenamiento. El entrenamiento es que el cerebro amarillo intentará averiguar cómo va a suce­der, pero vosotros decís: “Ninguna persona me dará esto a mí, ni lo voy a esperar en ningún lugar, y no quiero que ningún acontecimiento haga que suceda; además, no lo quiero en ningún momento en concreto. No quiero nada parecido, quiero esto.” Entonces, ¿qué va a hacer vuestro cerebro ama­rillo con estas órdenes? Acabáis de eliminar cualquier opinión posible.

            Cuando hagáis eso correctamente y después aprendáis a enfocar en ello, lo cual haremos después de que hayamos ter­minado la carta, y sostengáis ese enfoque en el lóbulo frontal, dejad que el cerebro amarillo lo construya y después trasladadlo al cerebro medio para que lo envíe. Tenéis que sacarlo del campo intelectual. Esto no te lo dará ninguna per­sona. No va a suceder en ningún lugar en particular. No está conectado a nada más. Esto es sencillamente lo que quieres, y nada que se le parezca. Y no tiene que ver con el tiempo. Vosotros tenéis que dar esas órdenes muy claramente. Está sucediendo Ahora. ¿Cuántos de vosotros lo entendéis?

            El objeto en el cual os estáis enfocando debe construirse a partir de esas cosas que están en vuestro campo de energía, que es vuestra realidad, y debe construirse a partir de esas cosas con las cuales no tienes un apego sino que más bien reconoces. Los más grandes maestros de la Gran Obra llevan consigo en sus bolsillos, o en sus bolsas, tres piedras planas que van con ellos a cualquier parte. Y no es que si perdieran una de estas piedras no podría ser reemplazada. Estas piedras no tienen valor para el maestro, pero es a partir de ellas que el maestro las transforma en monedas de oro. Ellos toman pensamiento coagulado, lo liberan y lo re-forman. Y esas tres piedras que llevan consigo las obtuvieron cuando su nivel de aceptación y su conocimiento estaban listos para aceptar su capacidad de hacer el trabajo. De modo que siempre han traí­do las mismas tres piedras.

            Y con esto dicho, aquellos de vosotros que tomáis en serio el no tener pasado y entender la metamorfosis de la desintegració n, deberíais de llevar en vuestros bolsillos tres cosas significativas para que mientras charléis cotidianamente vuestros dedos se muevan sobre su superficie y las estéis convirtiendo en algo Valioso.

            Antes de que vayáis a dormir quiero que comencéis a tra­bajar cualquier parte de la lista de vuestra elección con este nuevo entendimiento. Trabajad la lista sin gente, lugares, cosas, momentos y sucesos. Si lo hacéis, la lista se volverá pre­sente. ¿Entendido? y os vais a dormir con eso en la mente. Ahora estamos catapultados hacia tiempos muy emocionantes. De modo que en algún momento entre ahora y las seis en punto de mañana, encontrad cosas insignificantes. Tenemos que mostraros que son la clave de donde crear y mostraros cómo transformar la materia. Ese es el alquimista. ¿Entendido?

Y si no os lo he dicho, bien, os amo. Estoy tan feliz de que estemos juntos en esta reunión nuevamente, porque cuando nos reunimos siempre progresamos. Gracias a Dios.

Oh mi Espíritu Santo,

Yo estoy sobre ti

Y tú estás dentro de mí.

Yo soy tu corteza externa.

Tú eres aquello que me da vida.

A menudo me he sentido

Como una marioneta carente de sentido,

Preguntándome quién mueve mis hilos

Y cuál será el próximo papel

Que debo representar.

Oh mi amado Espíritu,

Estoy cansado de esta obra.

Estoy harto de este destino incontrolable.

Oh mi Espíritu Santo, Deseo que me hagas sentirme vivo,

Consciente y poderoso.

Te pido que me des responsabilidad por mi vida.

Y en ello, deseo convertirme

En mi propio inmortal.

Oh mi amado Espíritu,

Disuelve mi corteza en ti

Por siempre, siempre y para siempre.

Que así sea.

¡Por la vida!

           

Os amo. Id con espíritu alegre. Recordad todo lo que os he enseñado. Aplicadlo, pues funciona. Y, sobre todo, regoci­jaos y sed felices cada día. Estad agradecidos por esta vida, agradecidos por estar vivos, agradecidos y privilegiados. Y sabed que estáis aquí por una razón y vivid por el principio más elevado de esa razón. Que así sea.

Ramtha

Claves del maestro

para manipular el

tiempo

Menú de cierre
error: Content is protected !!

Send this to a friend