La Ley de Atracción – Por Dr Camilo Cruz

La Ley De La Atracción

Dr. Camilo Cruz 

10. La ley de la atracción y nuestras relaciones personales

“Es posible ganar más amigos en dos meses interesándonos por los demás que en dos años tratando que los demás se interesen por nosotros”. Dale Carnegie

El ser humano está destinado a vivir rodeado de otras personas. Las relaciones con los demás constituyen un aspecto central de nuestra existencia. Nuestras relaciones nos definen -ya sea en la familia, en la pareja, en el trabajo o en cualquier otro ámbito de nuestra vida-. De hecho, casi la totalidad de nuestras actividades involucran a otros, lo cual puede ser fuente de grandes satisfacciones, o deparar terribles sufrimientos, ya que nuestra actitud hacia los demás determina su actitud hacia nosotros. El 85% de nuestro éxito estará determinado por la calidad de las relaciones que mantengamos en las diferentes áreas de nuestra vida.

Nuestras posibilidades de triunfar, ser feliz y avanzar más rápidamente en nuestro campo de interés, aumentan en la medida en que logremos desarrollar relaciones positivas con las personas correctas. Virtualmente, en cada punto decisivo de nuestra vida, hay alguien que puede ayudarnos o detenernos, o por lo menos retrasarnos para alcanzar nuestros objetivos. La gente exitosa convierte en hábito el construir y mantener relaciones de alta calidad a través de sus vidas, y así logra mucho más que la persona promedio.

Por tal razón, es importante entender que no basta con que las relaciones personales se produzcan. Lo verdaderamente importante es que éstas sean fructíferas, que engendren paz y armonía, que construyan y nos den la oportunidad de edificar una vida y un mundo mejor, que saquen a relucir lo mejor de nuestro potencial y nos conviertan en mejores personas. Las relaciones nocivas destruyen y debilitan nuestra autoestima, nos sitúan en el papel de víctimas o victimarios, producen estrés y angustia, y nada positivo puede salir de ellas.

Lo interesante es que cada uno de nosotros es responsable por atraer tanto lo uno como lo otro. Cuando miras a todas las personas que se encuentran a tu alrededor, debes tener claro que tú las has atraído hacia ti. Habrás escuchado aquel refrán que dice: “Dime con quien andas y te diré quien eres”, o aquel otro que reza: “Dios los hace y ellos se juntan”.

Estos dos adagios ilustran una de las consecuencias más importantes de la ley de la atracción: siempre atraeremos a aquellas personas que reflejan nuestros propios valores, principios, carácter y visión del mundo. Las personas son como los camaleones. Ellas imitan y adoptan las actitudes, comportamientos, valores, y creencias de la gente con la que se asocian la mayor parte del tiempo.

La mayoría de los problemas y conflictos en tu vida son el resultado de establecer relaciones equivocadas con gente equivocada. De-igual manera, los grandes éxitos en la vida son el producto de entrar en contacto con personas con quienes puedas establecer relaciones positivas. La clave es entender que las buenas relaciones no se dan por si solas, sino que se construyen en la práctica; se cultivan mediante el trato personal, interactuando, buscando entender y ser entendidos, escuchando con empatía, no simplemente coexistiendo.

Si quieres ser una persona exitosa, asóciate con gente similar, optimista y feliz, que posea metas claras y que se esté moviendo hacia adelante en su vida. Al mismo tiempo, aléjate de las personas negativas, que sólo critican y se quejan por todo. Si quieres volar con las águilas debe buscar las alturas, te puedes poner a escarbar el suelo con las gallinas. No obstante, recuerda que tú no puedes atraer hacia ti algo que ya no se encuentre en tu interior.

Las personas de éxito saben lo importante que es rodearse de las personas correctas. Comprenden que es imposible tener una gran empresa con personas mediocres, por lo cual se dedican a construir equipos de trabajo fuera de serie. Ellas saben que el éxito de una empresa es simplemente el reflejo del éxito, grado de motivación y compromiso de las personas que la componen. Por eso buscan siempre ayudar a cada individuo en su equipo a encontrar el éxito en su propia vida.

Quizás la mejor manera de construir relaciones positivas es buscar constantemente nuevas formas para ayudar a los demás a lograr sus propias metas y descubrir su propio potencial. Entre más entregues de ti mismo sin esperar nada a cambio, más recibirás de las fuentes más inesperadas.

Reglas para convertirnos en compañía indeseada y desagradable

Benjamín Franklin sabía lo importante que son las buenas relaciones. Entendía los resultados de tenerlas y como desarrollarlas. Esto lo convirtió en una de las personas más influyentes de su época en todas las áreas en las cuales participó.

Quiero compartir uno de sus escritos, en el cual, con gran humor y utilizando la sátira como estilo literario, nos hace ver la manera de no proceder si deseamos desarrollar buenas relaciones. Su propósito, obviamente, es que entendamos que es imposible construir buenas relaciones con los demás si sólo estamos pensando en nosotros mismos.

“Puesto que el objetivo es brillar, siempre que te encuentres en compañía de otras personas, deberás utilizar todo medio a tu alcance para evitar que otra persona brille más que tú. Esto lo podrás lograr de varias maneras:

1. Si te es posible, busca apoderarte de toda la conversación. Si el tema en cuestión no te es familiar, habla lo que más puedas acerca de ti, tu educación, conocimientos, logros, éxito en los negocios, o las sabias observaciones y apuntes que has hecho en otras ocasiones.

2. Si necesitas dejar de hablar unos segundos para tomar aire, y en ese momento alguien más aprovechara a decir algo, analiza con cuidado cada palabra, idea o actitud en su intervención, en busca de algún punto que te permita contradecirlo. Si no encuentras nada, corrige su manera de hablar o su vocabulario.

3. Si ves que otra persona ha dicho algo que es indiscutiblemente cierto y sabio, puedes hacer una de varias cosas: No le prestes ninguna atención, interrúmpela, o busca desviar la atención de los demás hacia ti. Si logras descubrir hacia dónde va ella con dicha idea, encuentra rápidamente cualquier oportunidad de terminar la idea antes que ella. Si todo lo anterior falla y ves que dicha idea ha contado con la aprobación de los presentes, apresúrate a dar también tu aprobación, e inmediatamente haz la anotación que dicha idea es de otra persona o de un gran escritor. De esta manera lograrás privar al otro del crédito o prestigio que hubiese podido ganar con dicha idea, al tiempo que logras ganar la reputación de ser una persona muy leída e instruido.

4. El actuar de esta manera te asegurará que cuando estés en presencia de alguna de estas personas nuevamente, ellas optarán por quedarse calladas y dejar que hables. Así podrás brillar sin ninguna oposición ni competencia, al tiempo que le muestras a tus oyentes lo poco versados que ellos son.

Si sigues estos consejos podrás estar seguro que te sentirás muy bien contigo mismo, sin importar como se sientan los demás. Las ventajas de esto son muy evidentes, mientras que la audiencia aprecia la presencia del hombre culto y cordial, tú ni siquiera necesitas hacer acto de presencia, ya que esta misma audiencia apreciará mucho más el que estés ausente”.

Como vez, la manera más certera de repeler a los demás es, como lo dijeran Franklin y Carnegie, pensando únicamente en nosotros mismos. De igual manera, pensando en los demás atraerás hacia ti relaciones positivas y duraderas. ¿Cómo hacerlo? He aquí un ejemplo muy sencillo:

Quiero que te imagines que mañana en la mañana, justo antes de salir para tu trabajo, tu teléfono suena y al otro lado de la línea está una persona a la cual tú respetas mucho; a quien aprecias y admiras. Tú sabes que es una persona sincera, honesta, en la cual tú depositarías toda tu confianza.

Imagínate que después de saludarte muy cordialmente, ella te dice: “Primero que todo, quiero que sepas que no te he llamado para pedirte ningún favor. Sé que debí llamarte hace mucho tiempo para decirte esto, así que esta mañana decidí que no pasara de hoy.

Simplemente quiero dejarte saber que tú eres una de las personas más integras que he tenido la oportunidad de conocer. Creo que eres un gran profesional y siempre he pensado, y así se lo he dicho a mi esposa, que además, eres un padre y un esposo ejemplar; una persona que cualquiera se sentiría orgulloso de llamar su amigo. Cuando hablo contigo, me siento motivado porque eres la clase de individuo que sabe sacar a relucir lo mejor de las otras personas, y por esta razón quería llamarte hace mucho tiempo, para manifestarte cuanto te estimo, y cuanto aprecio tu amistad. Eso es todo; espero que hoy tengas un gran día. Hasta pronto”. Y luego de despedirse afectuosamente, cuelga el teléfono.

Ahora bien, teniendo en cuenta que se trata de un amigo sincero, que no te diría esto si no se sintiera de esa manera, quiero que te preguntes: ¿Qué clase de día crees que vas a tener después de haber escuchado esto a primera hora de la mañana? Si vas a hornear un pastel, ¿crees que ese día, por alguna razón, hornearías un mejor pastel? Si eres profesor, ¿crees que enseñarías una mejor clase ese día? ¿Crees que ese día serías un mejor padre de familia? Si eres vendedor, ¿crees que ese día serías un mejor vendedor? Seguramente si, ¿no es cierto?

A pesar de que esta persona no te haya dicho absolutamente nada acerca de cómo realizar ninguna de estas actividades de una mejor manera, tú estás seguro que tu desempeño sería mejor. ¿Por qué? Porque tu imagen y tu autoestima han recibido una transformación repentina. No es que ahora sepas más de lo que sabías antes de recibir la llamada acerca de cómo hornear, enseñar o vender mejor. Lo único que ha sucedido es que las palabras de tu amigo te han abierto los ojos a la grandeza que se encuentra en tu interior. Por absurdo que pueda parecer, ese sencillo reconocimiento te ha convertido en otra persona. Sus palabras han dibujado en tu mente toda una serie de nuevas imágenes positivas acerca de tu verdadero potencial, tus aptitudes y tus capacidades; e inmediatamente tu mente y tu cuerpo han comenzado a trabajar basados en esta nueva información”.

En numerosas ocasiones he encontrado personas exitosas que pueden señalar el momento preciso en que su vida comenzó a cambiar. Y muchas veces ese momento, fue cuando hubo unas palabras de apoyo de un padre o un profesor, el voto de confianza de un amigo, o una llamada de apoyo de un familiar.

Entonces, ¿por qué no haces tú lo mismo? ¿Qué te impide levantar el teléfono y llamar a una de esas personas a las cuales has deseado alguna vez decirle algunas de estas cosas, o que sabes que necesitan escuchar esto de ti, y les dejas saber cómo te sientes? Déjales saber cuáles son las cualidades que ves en ellas y el gran potencial que tienen. Te puedo asegurar que ese día ellas también van a ser mejores personas, y con toda seguridad su autoestima mejorará y se sentirán mucho mejor consigo mismas.

Pero, ¿adivina quién se sentirá aun mejor acerca de si mismo? ¡Tú! Porque sabrás que ese día has sembrado una semilla de éxito y felicidad en otra persona; habrás ayudado a otro ser humano a tomar la iniciativa para reconocer y reclamar el talento y el potencial que reside dentro de ella. Hay muy pocos sentimientos que sean tan gratificantes como este. Así que no te prives de la oportunidad de experimentar esta gran sensación en tu vida.

Nuestro temperamento y el trato hacia los demás

Que difícil parece ser construir relaciones duraderas y que fácil suele ser destruirlas. Insultamos a nuestros seres queridos con arrebatos de cólera, perturbamos la paz del hogar y ofendemos a otros con ofensas y calumnias. No tuvimos intención de ultrajar, calumniar o insultar a los amigos ni de tratar despectivamente a los demás; pero por falta de control, prudencia y cuidado, nuestro temperamento se disparó de manera descontrolada, hiriendo a quien encontró a su paso y dando un lastimoso espectáculo.

De acuerdo a Orison Swett Marden, aunque algunos crean que no pueden dominar su temperamento, ya que sus estallidos acontecen sin pensarlo, lo cierto es que siempre estamos en control.

“Todos podemos regular nuestra manera de pensar y nuestras emociones, de suerte que nuestro cuerpo no funcione nunca descompuestamente ni el cerebro actúe jamás a su antojo. Hay personas que nunca pierden la serenidad, aunque las provoquen violentamente. Personas en cuya presencia no se nos ocurriría perder los estribos; en su presencia siempre estamos en control. Pero en la intimidad del hogar, donde nadie nos reprime, o delante de un empleado, muchas veces solemos arrebatarnos a la más ligera provocación.

Esto demuestra que podemos dominarnos más de lo que suponemos. Infortunadamente, en la mente y en el corazón de muchas personas anidan rencores, celos, envidias, antipatías y prejuicios que, si bien no se manifiestan muy violentamente, van creciendo allí dentro hasta envenenar el alma”.

Recuerda el postulado principal de la ley de la atracción: -Atraerás hacia ti aquello que se asemeja a lo que ya se encuentra dentro de ti.

Imagínate cómo cambiarla nuestra conducta si tuviésemos cuidado con la manera como tratamos a los demás, con nuestros modales y hasta con el tono de voz que utilizamos al dirigirnos a ellos. Los modales son un lenguaje muy influyente en nuestra actitud y en la de cuantos nos rodean.

Muchas fricciones entre las personas provienen del tono de voz, porque la voz manifiesta nuestros sentimientos y actitud respecto de los demás. El tono áspero, que expresa contrariedad y una pobre disposición de ánimo, puede suavizarse. Si cuando la cólera nos enciende la sangre bajáramos el volumen de la voz, lograríamos apaciguar la exaltación.

Todos hemos visto cómo si a los niños contrariados o malcriados se les deja llorar a sus anchas, les sobreviene la rabieta con alaridos y pataleo. Y cuanto más gritan y lloran más violenta es la rabieta. Sin embargo, también hemos visto que cuando les ayudamos a tranquilizar su voz, se extingue el fuego de su actitud.

Sería mucho mayor la felicidad en el hogar si todos los individuos de una familia acordaran no gritarse nunca. Del tono de voz sarcástico, burlón, o resentido, deriva, en gran parte, no sólo la infelicidad en el hogar, sino también las pobres relaciones en la vida social y en los negocios.

Las personas quisquillosas que se molestan y se enojan por simples tonterías, denotan con ello que no son lo suficientemente nobles como para dominar la situación y mantenerse en equilibrio. Su actitud iracunda indica que poseen una actitud pesimista y negativa contra todo lo que les rodea y por ello son víctimas de la situación, en vez de dominarla.

No hay espectáculo más lastimoso que el de una persona cuya cólera deja al descubierto su verdadera manera de ser. Pierde la razón, el sentido común y el buen juicio. Sin embargo, una vez pasado el arrebato, siente que su dignidad, decoro y estima han naufragado en la tormenta.

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Las disputas en muchos hogares provienen de la incapacidad de las personas para mantener el control de su actitud mental. Ante la menor tensión, suelen tratar bruscamente aun a sus mejores amigos y a quienes más aman, y dicen cosas de las que después se avergüenzan.

Muchas veces, ya sea pública o privadamente nos referimos a otras personas en términos poco constructivos, especialmente cuando ellas se encuentran ausentes. Nada más apropiado aquí que la sabia regla de oro: tratar a los demás como nosotros deseamos ser tratados.

Refirámonos a otras personas en los términos en que quisiéramos que ellos se refiriesen a nosotros. Cuando estés hablando de alguien, siempre pregúntate: ¿Cómo se sentiría esta persona si estuviera presente, escuchando lo que estoy diciendo de ella? ¿Se sentirla bien o mal? ¿Mejoraría su autoestima o empeoraría? Recuerda que todos nosotros estamos en capacidad de impactar positivamente las vidas de aquellos con quienes entramos en contacto. Y lo hacemos con nuestro aprecio o nuestra indiferencia, con nuestras alabanzas o nuestras críticas, con nuestra sonrisa o nuestro desdén.

Piensa antes de hablar. Considera las consecuencias de tus palabras. Recuerda que ellas son causas, y una vez pronunciadas deberás vivir con el efecto que hayan generado. Muchas personas pasan años enteros, o hasta toda una vida, cargando con crueles heridas del alma, causadas inconscientemente por algún amigo querido en momentos de cólera.

¡Cuán a menudo ofendemos a quienes con mayor ternura amamos y deberíamos ayudar, sólo porque estamos de mal humor y con los nervios irritados a causa de alguna contrariedad o disgusto!

En cierta ocasión, un niño estaba rabiosamente encolerizado y por casualidad pudo mirarse en el espejo. Tan avergonzado y entristecido quedó al verse, que contuvo el llanto inmediatamente. Si los adultos pudieran verse al espejo cuando están por perder el control, seguramente que no querrían volver a dar tan deplorable espectáculo. Todos podemos cambiar si nos lo proponemos, y muchas veces el vernos como nos ven los demás nos ayuda a realizar dicho cambio.

El mundo es un espejo que refleja nuestra personalidad

En alguna oportunidad una mujer dedicada a los negocios explicaba la interesante prueba por la que había pasado:

“Al salir cierta mañana para mi labor diaria, me propuse poner a prueba la fuerza del pensamiento positivo expresada en la ley de la atracción. Había escuchado sobre los efectos positivos de una actitud positiva, y quería probar si cambiando mi manera de pensar lograba influir en los demás. Era consciente de que durante largo tiempo había sido una persona áspera, cínica y pesimista.

Lo primero que hice fue imaginarme que era totalmente feliz. A medida que avanzaba por la calle, se fortaleció mi propósito y me imaginé siendo feliz, y a la gente tratándome bien. El resultado de estos pensamientos fue sorprendente. Me pareció como si me levantaran del suelo y anduviera por el aire con una postura más esbelta y un caminar más ligero. Sonreía de satisfacción, y si veía en el semblante de los demás reflejados la ansiedad, el descontento y el mal humor, mi corazón se volvía hacia ellos con deseo de infundirles el júbilo que invadía todo mi ser.

Al llegar a la oficina saludé a la primera persona que vi con una frase amable, algo que debido a mi timidez no se me hubiera ocurrido anteriormente. Este gesto nos puso a las dos en una actitud de cordialidad durante todo el día, pues ella sintió la influencia de mi saludo.

El director de la compañía en que yo estaba empleada era un hombre muy malhumorado en los negocios, y cuando me hacía alguna observación sobre mi trabajo, yo me molestaba y resentía, debido a mi sensibilidad; pero aquella mañana no quise quebrantar mi determinación y contesté muy cordialmente a las observaciones, con lo que él se apaciguó y estuvo de buen humor todo el día.

No consentí que se interpusiera la más leve nubecilla entre mi serenidad y los que me rodeaban. Hice lo mismo en la casa donde me hospedaba, y si hasta entonces me había sentido allí como extraña por falta de simpatía, encontré calurosa amistad y correspondencia”.

Estoy convencido que las demás personas están dispuestas a venir a mitad de camino si nosotros nos tomamos la molestia de avanzar la otra mitad, hacia ellas. Pero somos nosotros quienes debemos dar el primer paso cambiando nuestra actitud y nuestra manera de ver la vida.

Para la persona negativa, nada es hermoso y radiante a su alrededor. Su mirada es siempre hosca y continuamente se queja del mal aspecto de los tiempos y de la escasez de dinero. Todo en ellas es pobre; nada es cordial, amplio y generoso. A otras personas les pasa precisamente lo contrario, siempre tratan a los demás con cariño y sólo hablan de temas que inspiren y motiven. Señalan siempre las virtudes de los demás y los tratan siempre con palabras alentadoras.

Si crees que las personas no te están tratando afectuosamente, resuelve ya mismo: “Quiero conservarme joven y saludable; y aunque las cosas no salgan a la medida de mis deseos, esparciré alegría en el camino de todos aquellos con quienes me encuentre”. Entonces florecerá la dicha a tu alrededor, nunca te faltarán amigos y compañeros y, sobre todo, tu alma gozará de paz y tranquilidad. ??????????

Autor: Dr. Camilo Cruz 

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