SANAR LOS CORAZONES,
SANAR LAS NACIONES.

“Volver a escribir nuestro futuro en los días de la profecía
Hacía apenas unos momentos estaba solo. Caminaba por la vieja carretera que iba paralela al valle hacia el oeste, me abría paso a través de las matas de salvia que me llegaban hasta el pecho, todavía mojadas por la helada matinal. La tierra estaba blanda y seca bajo una fina capa de hielo que se rompía bajo mis pies. A cada paso, mis pies se hundían en la frágil mezcla de arcilla y tierra e iba dejando tras de mí la marcada huella de las suelas de mis botas de trabajo en el suelo del desierto. Busqué en el resplandor del alba y pude ver a alguien que se dirigía hacia mí. Cuando entrecerré los ojos para enfocar mejor, pude ver que se trataba de Joseph. Habíamos acordado encontramos, como solíamos hacer, sencillamente para caminar, charlar y compartir la mañana. Los primeros rayos del sol de invierno proyectan largas sombras por detrás de los impresionantes montes Sangre de Cristo que se alzan al este. Los dos estábamos de pie dando la espalda a las montañas y contemplando la espléndida vista que teníamos ante nosotros.
Nos encontrábamos al borde de un valle de más de 50.000 hectáreas de una salvia especialmente aromática; Joseph se detuvo y respiró profundamente.
-Todo este campo -empezó- hasta donde alcanza nuestra vista, actúa como una sola planta. -Sus palabras formaban pequeñas nubes de vapor cuando su aliento se fundía con el frío aire de la gélida noche.
»Hay muchos arbustos en este valle -prosiguió- y cada planta está unida a las otras mediante un entramado de raíces que no podemos ver. Aunque ocultas a nuestros ojos, las raíces están ahí, debajo del suelo. Todo el campo es una familia de salvia. Como en toda familia -explicó- la experiencia de un miembro es compartida en cierto grado por todos los demás.
Escuchaba lo que Joseph me decía. ¡Qué hermosa metáfora!, pensé, sobre cómo estamos interconectadas las personas a través de la vida. Aunque podamos ver mucho cuerpos que’creemos que son extraños, que viven vidas independientes y que no están relacionadas, hay un hilo de conciencia que nos une formando una familia. Estamos conectados mediante un sistema invisible. Sin embargo, la conexión existe como lo que algunos han denominado «mente universal»: el misterio de nuestra conciencia. Al igual que las plantas de salvia, todos estamos relacionados durante nuestro viaje por este mundo. En el plano de la conciencia, todos somos uno.
A veces los grandes misterios de la vida se aclaran sólo cuando dejamos de pensar en ellos. Aunque podamos conocer la información en nuestra mente, el significado de un misterio se ha de sentir antes de poder vivirlo. En la inocencia del momento, compartir la experiencia de otra persona se convierte en un catalizador que despierta una nueva comprensión dentro de nosotros mismos. Ahora sé por qué.
Con frecuencia pienso en esa mañana, admirado por la elocuente simplicidad con la que Joseph describía la relación entre las plantas de salvia. Además ‘de comprender de qué modo están conectadas, la explicación de Joseph también describió las posibilidades de semejante relación. Por ejemplo, cuando un área de salvia desarrolla una tolerancia a un insecto o a un producto químico en particular, toda la familia demuestra la misma tolerancia. La clave es que muchas se benefician de la experiencia de unas pocas. Los últimos estudios sobre el efecto de la oración masiva -muchas personas enfocadas en un tema en común- confirman relaciones similares en la conciencia humana. Se ha demostrado que la calidad de vida de un vecindario se ha visto afectada por la oración dirigida de unas pocas personas.
Casi universalmente, las antiguas tradiciones creen que la relación entre nuestro mundo cotidiano y nuestro mundo interno de la conciencia es todavía más profunda. Ver nuestros cuerpos y la Tierra como espejos que se reflejan el uno al otro, nos indica que los extremos que vemos en uno se pueden considerar como metáforas para los cambios dentro del otro. Esta forma de pensamiento relaciona los patrones destructivos del tiempo y de las tormentas, por ejemplo, con el estado de conciencia inestable de las personas donde tienen lugar esos fenómenos. Al mismo tiempo, estas visiones holistas sugieren que los terremotos de gran intensidad, las tormentas que ponen en peligro la vida y las enfermedades pueden ser aminoradas, o incluso erradicadas, mediante cambios sutiles en nuestro sistema de creencias.
Si estas relaciones existen, entonces, quizá por primera vez podamos mirar hacia el siglo XXI con un nuevo sentido de confianza. Más allá de las antiguas profecías sobre una tercera guerra mundial y de las predicciones de catastróficas pérdidas de vidas y del caos de final de milenio, el antiguo secreto de la oración de 2.500 años, puede suponer una extraordinaria oportunidad para definir nuestro tiempo de un modo que sólo hemos visto en sueños. En lugar de protegemos contra los acontecimientos que pensamos que tienen poder sobre nosotros, podemos elegir las condiciones que afirman la vida, que trascienden la enfermedad y el sufrimiento, y la guerra en nuestro futuro.”
www.nuevaconciencia.com.mx- cita del libro “El efecto ISAÏAS”-Gregg Braden-español-pags 179/180/181 (c) todos los derechos reservados

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